sábado, 16 de septiembre de 2023

56. “LA OBEDIENCIA, FRUTO DE LA FE”

Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardarais mi pacto, vosotros seréis mí especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. (Éxodo 19:5).

La Obediencia, Es Decir, El Servicio Y La Lealtad De Amor, Es La Verdadera Prueba Del Discipulado.

 Siendo Así, La Escritura dice: "Pues Este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos…" "El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él" (1Juan 5:3; 2:4).

En vez de que la fe exima al hombre de la obediencia, es la fe, y sólo ella, la que lo hace participante de la gracia de Cristo y lo capacita para obedecerlo.

No ganamos la salvación con nuestra obediencia (es complemento de la fe); (Citamos Santiago. 2:24 “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe”).

Porque la salvación es el don gratuito de Dios, que se recibe por la fe. Pero la obediencia es el fruto de la fe. “Sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Todo, aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido" (1 Juan 3:5,6).

(Tampoco podemos justificarnos o salvarnos solo por la fe sola Santiago. 2:14. Dice: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?).

He aquí la verdadera prueba. Si moramos en Cristo, si el amor de Dios mora en nosotros, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestras acciones, tienen que estar en armonía con la voluntad de Dios como se expresa en los preceptos de su santa ley.

"Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo" (1 Juan 3:7). Sabemos lo que es justicia por el modelo de la santa ley de Dios, como se expresa en los Diez Mandamientos dados en el Sinaí.

Esa Así Llamada Fe En Cristo, que según se declara exime a los hombres de la obligación de la obediencia a Dios, no es fe sino presunción. "Por gracia sois salvos por medio de la fe". Más "la fe, si no tiene, obras, es muerta en sí misma" (Efesios 2:8; Santiago 2:17).

 Jesús dijo de sí mismo antes de venir al mundo: "El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón" (Salmo 40:8).

Y cuando estaba por ascender a los cielos, dijo otra vez: "Yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor" (Juan 15:10).

La Escritura dice: "Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos" (1Juan 2:3)...

La Condición Para Alcanzar La Vida Eterna es ahora exactamente la misma de siempre, tal cual era en el paraíso antes de la caída de nuestros primeros padres: la perfecta obediencia a la ley de Dios, la perfecta justicia.

Si la vida eterna se concediera con alguna condición inferior a ésta, peligraría la felicidad de todo el universo. Se le abriría la puerta al pecado con todo su séquito de dolor y miseria para siempre...

Cuanto más nos guíe la necesidad a Él y a la Palabra de Dios, tanto más elevada visión tendremos de su carácter y más plenamente reflejaremos su imagen. El camino a Cristo, págs. 60-62, 65. RJ266/EGW/MHP 267

AUDIO. https://www.youtube.com/watch?v=eNBwbc-skNg&list=PLtrFh-HO7ogB0b9ZH0YMA5EYtDsepZwEC&index=17&pp=gAQBiAQBsAQB


lunes, 11 de septiembre de 2023

55. “EL ESPÍRITU SANTO NOS CAPACITARÁ PARA TESTIFICAR”

Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era con todos ellos. Hechos 4:33.

¿Cuál fue el resultado del derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés?

Las buenas nuevas de un Salvador resucitado fueron llevadas a las más alejadas partes del mundo habitado.

El corazón de los discípulos quedó sobrecargado de una benevolencia tan completa, profunda y abarcante, que los impulsó a ir hasta los fines de la tierra testificando: “Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”. Gálatas 6:14.

Mientras proclamaban la verdad tal cual es en Jesús, los corazones cedían al poder del mensaje. La iglesia veía a los conversos afluir a ella desde todas las direcciones. Los apóstatas se volvían a convertir.

Los pecadores se unían con los cristianos en la búsqueda de la perla de gran precio. Los que habían sido acérrimos oponentes del evangelio, llegaron a ser sus campeones... La única ambición de los creyentes consistía en revelar un carácter semejante al de Cristo, y trabajar para el engrandecimiento de su reino...

Gracias a sus labores se añadieron elegidos a la iglesia, quienes, recibiendo la palabra de vida, consagraron su vida a la obra de comunicar a otros la esperanza que había llenado su corazón de paz y gozo.

Centenares proclamaron el mensaje: “El reino de Dios se ha acercado”. No se los podía constreñir ni intimidar con amenazas.

El Señor hablaba por su medio y, dondequiera que fuesen, los enfermos eran sanados y el evangelio era predicado a los pobres. Tal es el poder con que Dios puede obrar cuando los seres humanos se entregan al dominio de su Espíritu.

A nosotros, tan ciertamente como a los primeros discípulos, nos pertenece la promesa del Espíritu.

 Dios dotará hoy a hombres y a mujeres del poder de lo alto, como dotó a los que, en Pentecostés, oyeron el mensaje de salvación.

En este mismo momento su Espíritu y su gracia son para todos los que los necesitan y quieran aceptar su palabra al pie de la letra.

Notemos que el Espíritu fue derramado después que los discípulos hubieron llegado a la unidad perfecta, cuando ya no contendían por el puesto más elevado. Eran unánimes. Habían desechado todas las diferencias.

Y el testimonio que se da de ellos después que les fue dado el Espíritu es el mismoAdvirtamos la expresión: “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma”. Hechos 4:32.

El espíritu de Aquel que había muerto para que los pecadores viviesen animaba a toda la congregación de creyentes. 

Joyas de los Testimonios 3:209-211. [263]

AUDIO. https://www.youtube.com/watch?v=SyfAGiKhFXs&list=PLVsLdOIe7sVth_iTmO5piM9oND-0LC-Hr&index=12&pp=gAQBiAQBsAQB